
Aunque no es exclusivo de Semana Santa, si es verdad que es un dulce que suele consumirse en esta fecha, al menos en Sevilla. Sin lugar a dudas es uno de los dulces caseros más populares, ya que la simplicidad de sus ingredientes y su fácil elaboración, hacen de este rico manjar una de las recetas tradicionales más arraigadas en nuestra tradición culinaria.
La repostería es uno de los puntos fuertes de la Semana Santa.
Durante estas fechas es difícil no encontrar las mesas de todos los hogares
recubiertas de estos deliciosos dulces austeros, elaborados a base de pan,
leche y huevo.
La torrija o torreja es
un alimento dulce de origen humilde que satura pronto al comensal y su uso es
costumbre en Cuaresma y Semana Santa, época en que los
católicos dejan de comer carne. Consiste en una rebanada de pan (habitualmente
de varios días) que es empapada en leche y tras ser rebozada en huevo, es frita en
una sartén con aceite. Se aromatiza a gusto con diversos
ingredientes: canela o algún licor, y se endulza con miel, almíbar
o azúcar.
Su elaboración
sencilla y el poco gasto que hace al bolsillo, han convertido a las torrijas en
un plato perfecto para estos días. Y es que se trata de un postre con una
extendida tradición de elaboración casera.
Historia.
Difícilmente podremos datar su
origen, sin embargo nos atrevemos a ubicar su nacimiento en nuestra afamada dieta mediterránea, tan prolífica en mieles, especias y aromas refinados.
La historia de las torrijas viene
ya desde los tiempos de la Antigua Roma.
Los antiguos romanos
celebraban en el mes de Abril, (Pridie Idus Apriles), una festividad llamada Ceralia en
honor a la diosa Ceres. La fiesta se
prolongaba del 12 al 19 de abril, ambos inclusive. La diosa Ceres, era la
divinidad que se cuidaba de la agricultura y, por tanto, simbolizaba la
fertilidad de la tierra. Se identificaba con Deméter en el mundo griego.
Durante estos días se conmemoraba el regreso
a la tierra de su hija Proserpina.
Así pues, eran días de júbilo y de alegría, ya que la madre, feliz por tener
junto a ella a su hija, hacía que floreciera el campo y sus frutos. A su vez,
era una fiesta importante para los hombres, puesto que se consideraba a Ceres
la inventora de las técnicas de la agricultura.
La fiesta se iniciaba el día 12 de Abril en
el templo de Ceres, cercano al Circo
Máximo. Se realizaba el sacrificio de una cerda y se le ofrendaban
miel, leche, incienso y teas encendidas. Tras este sacrificio se iniciaban los Ludi
Cereris que duraban varios días. Lo normal era que los plebeyos
invitaran a comer a los patricios, pues era una fiesta popular.
Apicio, en uno de sus
tratados de cocina, da la receta del "panis cum lacte", consistente
en rebanadas de pan mojadas con leche y terminadas en el horno, al salir se
rociaban con miel y se espolvoreaban con pimienta molida.
Entre los antiguos preparados de
la abundante y sofisticada cocina andalusí hemos encontrado un atisbo de
torrija en el denominado "zalabiyya", que básicamente
era un brioche, que una vez asentado se freía en aceite y se rociaba con miel.( en la actualidad aún se consume en la repostería de Siria, Irak, Argelia, Egipto, etc...) Vemos con meridiana claridad el nacimiento de nuestra tradicional torrija en
este platillo andalusí y lo vemos reclamar para si, la paternidad del
semanasantero dulce. Una desviación, y la ampliación sobre el mismo tema, lo
podemos contemplar en los llamados "Buñuelos de agua miel",
de origen mudéjar, en los que para su preparación intervienen ingredientes
utilizados hoy como participantes de las afamadas torrijas.
Posteriormente aparece ya
documentada en el siglo XV, citada por Juan del Encina: «miel y muchos huevos para hacer torrejas», al
parecer como plato indicado para la recuperación de parturientas. Las primeras
recetas se remontan al “Libro de
Cozina” de Domingo
Hernández de Maceras (1607) y “Arte de cozina, pastelería, vizcochería y conservería” de Francisco Martínez
Motiño (1611).
Su asociación a la Cuaresma se debe tal vez a la necesidad de aprovechamiento de pan sobrante, que, durante el tiempo en que no se podía comer carne, era por ello menos consumido, aunque las familias elaboraban la misma cantidad.
Cómo casi todas las recetas populares que se han transmitido de forma práctica, tiene mil y una versiones. Yo aquí os dejo las dos recetas que se han usado en casa desde tiempos remotos.
Receta siglo XIX.
Cortar rebanadas de pan duro y humedecerlas con vino aguado. Después pasarlas por huevo batido. Freírlas y escurrir en una fuente. Poner a hervir agua con miel, cuando esté fundida verter sobre las rebanadas de pan y dejar enfriar. Espolvorear con canela y clavo molido.
Recuerdo haber tomado estas torrijas de pequeño, su sabor es algo empalagoso, por lo que siempre he preferido la otra receta:
Receta moderna.
Cortar las rebanadas de pan duro y mojarlas en leche. A continuación pasarlas por huevo batido y freírlas. Emborrizarlas en azúcar y canela.
Yo siempre he realizado esta receta, con la variación de que en lugar de pan duro usaba pan de Viena tierno del día, y a la leche le añadía un chorreoncito de anís. En la actualidad las hago con pan de molde sin corteza. Sin lugar a dudas os recomiendo esta receta, es bien sencilla y de un resultado inmejorable.
¡Buen provecho!
Gracias por las recetas muchas veces no sabemos que cocinar y es un rollo,preparare alguna de tus recetas los proyectiles de chocolate tienen muy buena pinta ,cuando tenga un hueco los prepare
ResponderEliminarsaludos